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La conquista española de la Isla de Pascua (I)

abril 26, 2009
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Moai Rano raraku

A 3.700 Km de las costas de Chile, e integradas en su jurisdición, se encuentra la Isla de Pascua, cuya población no sobrepasa los 3800 habitantes y concentrada principalmente en Hanga Roa, única ciudad y capital de la isla. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, quedo finalista en el concurso internacional para la elección de las 7 Nuevas maravillas del mundo.

volcánico, destacando un coloso inacabado de 21 metros. Los moais son grandes estatuas de piedra monolítica realizadas por la enigmática cultura de los Rapa nui, etnia de origen polinesio llegada en torno al siglo IV de nuestra era. Hasta unas décadas la única relación de la isla con el exterior era un barco de la marina de guerra chilena, que acudía anualmente para avituallarla. Hoy en día una línea regular de aviación la une con su metrópoli. Esto ha supuesto que junto a la pesca, el turismo se halla convertido en la actividad económica principal.

Un domingo 6 de Abril de 1722, el día de Pascua, de ahí su nombre; la flota del marino neerlandés Jacobo Roggeveen las avistó, descubriendolas de forma oficial. Más tarde, la isla recibiría otros nombres como Tierra de Davis o Vahiu, señalado este último en 1774 por el navegante y descubridor inglés James Cook como su nombre indígena. Pero la historia parece olvidado la llegada de dos navíos de la corona española (San Lorenzo y Santa Rosalía), dirigidos por Felipe Gonzalez Haedo (o Ahedo), un navegante y cartógrafo oriundo de Cantabria en 1770, quien en honor al monarca reinante en el trono de España, el ilustrado borbónico Carlos III, se la bautizó como isla de San Carlos.

El mapa de la Isla de Pascua (renombrada como "Isla de San Carlos") de la expedición de González Ahedo en 1770.

El mapa de la Isla de Pascua

Esta expedición encuentra su origen en la preocupación de Julian de Arriaga, a la sazón ministro de Marina e Indias entre 1754 – 1766, por el interés mostrado por potencias extranjeras, como en el caso del Reino Unido y Holanda, en el Pacífico; el cual todavía en el siglo XVIII era un territorio apenas explorado con multitud de islas virgenes. El ministro envió intrucciones al virrey de Perú, el barcelonés Manuel de Amat y Junyent, para que tomara medidas; entre las cuales se cuentan la que dispuso que en 1770 los capitanes de fragata Felipe Gonzalez de Ahedo y Antonio Domonte Ortiz exploraran la isla de Pascua y el archipielago de Chiloé. La expedición a la isla de Pascua estaba compuesta por dos navíos españoles: una fragata, la Santa Rosalía, de 26 cañones, y un navío de línea de 70 cañones, el San Lorenzo. En total, 700 hombres y dos sacerdotes, al mando de Félipe Gonzalez Haedo.

Panoráma de la playa de Anakema

Panorámica de la playa de Anakema

La flotilla expedicionaria partió del puerto peruano de El Callao el 10 de octubre de 1770, avistando la isla de Pascua el 15 de noviembre del mismo año. La llamada Enseñada de González en honor a su capitán y bautizada posteriormente por los franceses como Bahía de los Españoles se convirtió en su puesto de mando. Se ordenó que dos lanchas circunnavegaran la isla con objeto de obtener un levantamiento cartográfico, quedando sus tripulantes impactados por las descomunales estatuas, a las que un primer momento confundieron con robustos árboles. En esta jornada de exploración se produjo el primer contacto entre los indígenas y los europeos. Los nativos, en un gesto de buena voluntad, regalaron a los marineros algunos plátanos y gallinas a cambio de unas chucherías que éstos llevaban en las lanchas. Sorprendió a los españoles en posteriores excursiones por la isla la desigual proporción entre hombres y mujeres ( más numerosos los primeros), y la elevada altura de algunos indígenas, dos de los cuales medían alrededor del 2, 17 y 2,13 metros. De tez muy clara, la gran mayoría de los naturales llevaban barba y su cuerpo aparecía cubierto de tatujes. Según quedo recogido en el informe, los pascuenses <<unos vivían en cuevas naturales y otros en cuevas artificiales>> y <<sólo los que tenían alguna autoridad vivían en chozas>>. También causó estupor entre los españoles el rígido control que los habitantes de la isla de Pascua realizaban sobre la demografía, de tal manera que nunca sobrepasara los 90o miembros debido a que <<la tierra no puede mantener más que aquel número de habitantes>>, y <<Quanto este número está completo, si nace alguno, matan al que pasa de 60 años, y no habiéndolo, matan al recién nacido>>.

Habitantes de la isla de Pascua. Grabado realizado por el pintor germano Louis Choris en 1815.

Habitantes de la isla de Pascua. Grabado realizado por el pintor germano Louis Choris en 1815.

Según las ordenes firmadas por el virrey (referidas también al otro objetivo de la expedición: la isla de Tahití) la expedición debía realizar el levantamiento cartgráfico de la isla, situarla con la mayor precisión, conocer sus ventajas a la hora de una futura colonización y averiguar cualquier presencia extranjera. Además se debía procurar evangelizar a los indígenas o por lo menos enseñarles los rudimentos de la religión católica, convencerlos para que aceptaran la ventajosa soberanía española sobre sus tierras y hacer un estudio pormenorizado sobre su vida y costumbres, cuyo principal testimonio fue la recopilación del primer diccionario rapanui-español compuesto por 88 palabras. Se requirió igualmente que se ofreciese a algunos jóvenes del lugar la oportunidad de poder ir a Lima a aprender el castellano y las costumbres cristianas, para luego devolverles a las islas.

Fuentes:

Historia de Iberia la Vieja Nº 40

Wikipedia

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